Political prisoners in Cuba

El nuevo arzobispo de La Habana quiere que “el socialismo progrese” en Cuba

El nuevo arzobispo de La Habana quiere que “el socialismo progrese” en Cuba
En entrevista a la agencia AP
Martes, junio 28, 2016 | Agencias

JARUCO, Cuba.- En los años 70, cuando Cuba se ufanaba de su ateísmo y
miles de jóvenes abandonaban la fe, el joven padre “Juanito” desafiaba
al gobierno y salía por los lodosos pueblos de provincia con boletines
impresos por él mismo, dando catequesis en los hogares que tímidamente
no le cerraban la puerta.

En un ambiente crispado contra las religiones, el recién ordenado
sacerdote fue tolerado gracias a su temperamento reflexivo, de escasas
palabras pero firme, y que escuchaba sin confrontar. Esa habilidad le
sirvió también cuando, convertido en obispo de Camagüey, inició una
labor que combinó la atención a las embarazadas o ancianos con cambios
en los recorridos de las procesiones para que abandonaran las bonitas
calles y se internara en zonas populares.

Ahora monseñor Juan de la Caridad García, convertido desde hace un mes
en el nuevo Arzobispo de La Habana, la diócesis más importante de Cuba,
estará a cargo de negociar con el gobierno, mientras se espera que su
labor fortalezca a una iglesia con poca feligresía, pero tan poderosa
diplomáticamente como para haber sido parte del acercamiento entre Cuba
y los Estados Unidos.

En más de una docena de entrevistas con la AP, quienes conocen al
sacerdote dijeron que espera que transforme la Iglesia Católica en una
más cercana a la gente y sus necesidades.

Muchos de quienes lo recuerdan de sus tiempos en Camagüey, ofrecen un
retrato de un hombre disciplinado y entregado a la labor pastoral, más
que a los enredos palaciegos que ocupan las grandes arquidiócesis como
La Habana.

“Es un incansable trabajador y no en lugares cómodos, sino en unos
intricados y difíciles”, dijo a The Associated Press, Maribel Moreno,
secretaria y archivista del Arzobispado de Camagüey, al centro del país.

Moreno lo rememora hiperactivo, orando desde del amanecer y ocupándose
de enviar cartas a los niños que participaron en una procesión, o
buscando una lista de embarazadas para entregarles ayuda o brindando su
toalla para que voluntarios bañen a un alcohólico.

Pero en la Arquidiócesis de La Habana, que incluye la capital de 2.2
millones de personas y cubre también las provincias de Mayabeque y
Artemisa, rodeado de una mayoría afro-religiosa o evangélica, sede de
los poderes y de las más visibles tensiones políticas, la situación no
será sencilla.

“El talante va a ser eminentemente pastoral, aunque haya que llevar los
asuntos diplomáticos, políticos. Aquí lo que hay es que evangelizar
noche mañana y tarde”, dijo el padre Ignacio Zaldumbide, compañero desde
la juventud de García.

Más aún, cuando García se convirtió en el sucesor del cardenal Jaime
Ortega, al frente del Arzobispado por tres décadas, y quien recibió a
tres papas, navegó por las aguas del acercamiento del gobierno comunista
a las religiones en los 90, negoció la liberación de presos políticos
opositores y tuvo un papel en el histórico deshielo entre Estados Unidos
y Cuba en 2014, tras cinco décadas de tensiones y ‘guerra fría’.

Pero también Ortega se ganó la animadversión de disidentes y exiliados
cubano-americanos al reconocer los logros de la revolución cubana, al
tiempo que exigió más espacio social para la iglesia.

Observadores destacaron el manejo que Ortega, el único cardenal de la
isla, tiene de la alta diplomacia y su facilidad para moverse entre la
elite de laicos y religiosos que se codean con el poder.

En sus años de mandato, Ortega asistió a recepciones de los países
claves como Estados Unidos, galas culturales, dio viajes al extranjero
para participar en seminarios de universidades y ofreció entrevistas a
los principales medios de prensa.

Por el contrario, con su hablar pausado, conciso, en voz un poco
monocorde, García se vio más cómodo dando misa en la parroquia de
Jaruco, en la provincia de Mayabeque, a la cual la AP asistió un domingo
y donde regaló caramelos a los niños e hizo bromas sobre los borrachos
que comulgan una vez cada 40 años; que en la elegante Catedral de La
Habana en la cual tomó posesión como arzobispo en abril en medio de la
pompa de las personalidades del país.

“Claro, hay muchos asuntos que continuar. pero no voy a empezar de cero,
ya los obispos anteriores y el cardenal Jaime Ortega han hecho muchas
cosas”, dijo García a la AP, luego de esa misa en Jaruco. “La iglesia
vive el evangelio, anuncia el evangelio, denuncia lo que está mal en
orden a que progrese”.

El estilo llano contrastó con el del extrovertido y polémico Ortega,
quien además de ser cardenal, una de las máximas figuras dentro de la
Iglesia católica, se quedará a vivir en un ex seminario en La Habana.

“Un escenario posible es que Jaime (Ortega) podría llevar las relaciones
más políticas con el Estado que conoce bien y el nuevo arzobispo
dedicarse a la reconstrucción de la iglesia”, comentó Enrique López
Oliva, profesor de historia de las religiones de la Universidad de La
Habana.

El padre Zaldumbide preferiría que Ortega deje a García desarrollar su
misión con un sello propio. Y el propio García defendió a su predecesor.

“Creo que el cardenal hizo mucho bien”, dijo García en su entrevista con
AP. “Se tiene una imagen en algunos lugares un poco negativa de él y es
falsa. Voy a continuar lo que él hizo”.

Tampoco pareció temer las críticas de los opositores al gobierno que por
años exigieron a Ortega que presione un cambio de modelo político cubano.

García explicó que no quiere que “haya un capitalismo ni nada por el
estilo, sino que el socialismo progrese” para ir “hacia adelante en una
sociedad justa y equilibrada y de hermandad”.

Nacido el 11 de junio de 1948 en Camagüey, García fue el primogénito de
una familia de seis hijos de un matrimonio de creyente pero no
militantes del catolicismo.

A contracorriente del camino que muchos jóvenes tomaron de apoyar a la
revolución tras su triunfo en 1959, García no se sumó al proceso sino
que profundizó su fe para ser ordenado sacerdote en 1972.

Antes de ser nombrado obispo auxiliar de Camagüey en 1997 y Arzobispo de
esa diócesis 2002, el entonces padre “Juanito” pasó por parroquias
rurales donde no temía subirse a un jeep destartalado para hacer
catequesis “cuando la misión en Cuba era como un sueño, porque había que
tener cuidado al salir de las paredes del templo”, rememoró el padre
Zaldumbide.

Desde los 60 el enfrentamiento parecía no tener remedio cuando incluso
la propia iglesia tomó un abierto partido contra las autoridades y
sacerdotes usaron los púlpitos para arengar contra el gobierno de Fidel
Castro.

Cada uno a su tiempo, Ortega y García comprobaron en carne propia
algunas rispideces del modelo cubano.

Ortega fue enviado por meses a un campo de trabajo que compartía con
desafectos a la revolución en los 60, mientras García vio morir a su
padre en prisión a finales de esa década de un ataque al corazón, luego
de ser acusado por un accidente ferroviario al parecer poco claro.

Sin embargo, al igual que en el caso de Ortega el incidente no hizo
mella en la relación entre el prelado y el Estado.

“Siempre hubo personas fieles.que se quedaron a pesar de las grandes
dificultades al inicio de la revolución. Uno puedo ir caminando,
conversando y mirando hacia adelante”, dijo García a la AP. “No se puede
vivir en el pasado”.

Por el contrario en los tiempos en que le tocó negociar espacios para la
iglesia en Camagüey, el diálogo se desarrolló con fluidez.

“Juan como cualquier otra persona puede tener una opinión sobre este
proceso, la tiene, pero no va a contar en su labor como arzobispo porque
él se sabe arzobispo de la iglesia que no está para legitimar procesos
sociales”, expresó a la AP el diácono Miguel Ángel Ortiz, director de
Caritas en Camagüey, quien fue el enlace entre García y las autoridades.

García tendrá que timonear una situación diferente a la que le tocó a
Ortega, en un contexto de país sumido en reformas económicas y en medio
de un deshielo iniciado con Estados Unidos.

“Monseñor García tiene, además, el reto de poner a la Iglesia habanera
(y a la cubana) en plena sintonía con las directrices del nuevo
Pontificado de Francisco”, explicó el laico y analista político Lenier
González, quien codirige el centro de estudios Cuba Posible, en relación
a lograr que institución religiosa sea mas cercana a la realidad de la
gente, aunque no sean de su agrado, como el divorcio o la homosexualidad.

(AP)

Source: El nuevo arzobispo de La Habana quiere que “el socialismo
progrese” en Cuba | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/el-nuevo-arzobispo-de-la-habana-quiere-que-el-socialismo-progrese-en-cuba/

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