Political prisoners in Cuba

Cuba encierra en un psiquiátrico a un opositor

Cuba encierra en un psiquiátrico a un opositor
El régimen recluye a un disidente en un manicomio por enarbolar una
bandera de EE UU en el acto del Día de los Trabajadores
PABLO DE LLANO
Miami 27 JUN 2017 – 19:53 CEST

Arresto de Daniel Llorente el 1 de mayo en La Habana. A. ROQUE AFP
El pasado 1 de mayo, Día de los Trabajadores, el opositor Daniel
Llorente se echó a correr por la Plaza de la Revolución de La Habana,
lista para el comienzo de las marchas y los discursos, enarbolando una
bandera de EE UU al grito de “Libertad para el pueblo de Cuba”.
Inmediatamente fue reducido por agentes vestidos de calle y trasladado a
comisaría. Acusado de desorden público y resistencia, pasó un mes
arrestado en dependencias policiales y el 30 de mayo fue trasladado al
Hospital Psiquiátrico de La Habana, donde permanece encerrado.

Su hijo Eliézer Llorente, de 17 años, que lo visita dos veces a la
semana, afirma por teléfono desde La Habana que su padre no ha recibido
ningún diagnóstico psiquiátrico. “Está loco por salir, ha bajado de
peso, dice que no hay higiene, que los locos forman demasiada bulla y no
logra dormir”, explica. La semana pasada, añade, inició una huelga de
hambre pero, según su testimonio, “una comisión lo visitó, gente de
arriba, y le dijeron que si dejaba la huelga lo soltarían en unos días”.
En una entrevista por teléfono con la emisora de Miami Radio Martí,
Daniel Llorente dijo: “Como no pueden llevarme a prisión porque entonces
la opinión pública va a decir que tienen un preso político, su
estrategia es hacer creer que estoy loco. Pero la misma doctora de aquí
dice que yo no soy un peligro para la sociedad”.

Llorente es conocido como “el opositor de la bandera”. No pertenece a
ninguna organización disidente, va por libre. Aparece de súbito en
eventos relevantes con la enseña de EE UU reclamando la amistad con el
país vecino y la democracia en Cuba. La primera vez que lo hizo fue en
2015 durante la reapertura en La Habana de la embajada estadounidense.
En 2016 volvió a hacerlo en las inmediaciones de un acto en el que
participó Obama en su visita a Cuba. Semanas más tarde fue arrestado por
ir con su bandera a recibir al primer crucero que llegaba desde EE UU
después de medio siglo. Más tarde hizo lo mismo a la llegada del primer
vuelo comercial de una compañía americana. El pasado 1 de mayo el
régimen decidió cortar su actividad y ahora se encuentra, lamentó en
Radio Martí, “encerrado con candado”.

Encabezadas con la leyenda “Desde mi encierro en el Hospital
Psiquiátrico”, el opositor ha escrito varias cartas para que su hijo las
deposite en el buzón de la embajada de EE UU. En ellas explica que
reivindica la bandera americana porque “representa Poder, Esperanza y
Libertad”, se define como “anticastrista, anticomunista y
antisocialista”, denuncia que tras su arresto recibió una “brutal
golpiza” y solicita “ser inmediatamente desterrado de Cuba”.

Las detenciones de disidentes son sistemáticas en la isla. En la primera
mitad de 2017 el Observatorio Cubano de Derechos Humanos ha registrado
más de dos mil. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación
Nacional asegura que hay 140 presos políticos, el doble según sus datos
que en 2016. En general, la represión ha adquirido un carácter menos
aparatoso, centrado sobre todo en hostigar a los opositores o en
arrestarlos durante periodos breves.

La reclusión de Llorente en un psiquiátrico es de una severidad
“llamativa”, indica en Miami María Werlau, del Archivo Cuba, que
registra “muertes y desapariciones por causas políticas en Cuba”. “El
uso de métodos psiquiátricos ocurrió desde comienzos del régimen, como
hemos corroborado por testimonios de opositores e incluso personal que
trabajó en clínicas cubanas, pero se había vuelto menos obvio, ahora no
llevaban a opositores conocidos al psiquiátrico”. El analista Pedro
Campos ha opinado en el diario 14ymedio, censurado en Cuba, que las
acciones de Llorente son “un peligro para el gobierno” por su resonancia
mediática y por representar “las ansias libertarias de muchos cubanos
que tienen a EE UU como paradigma de libertad, democracia y bienestar,
más que un acto anexionista”. En la prensa oficial se ha acusado a
Llorente sin mencionar su nombre de intentar ganar notoriedad como
opositor para poder emigrar a EE UU y se la ha definido como “un cubano
desvinculado laboralmente”.

Llorente, de 53 años, vive de conducir un taxi en horario nocturno. En
los años ochenta estudió mecánica en Alemania Oriental. A principios de
los 2000 estuvo preso cinco años “por robo con fuerza”, según el diario
oficial Granma. Por entonces no era opositor. Empezó su vida política
tras salir de la cárcel. Su hijo Eliézer dice que su padre “cree en Dios
y es tremenda buena persona”.

En otra entrevista por teléfono desde el psiquiátrico con 14ymedio,
Llorente ha dicho que una doctora le ha informado de que deberá estar
allí “como mínimo dos meses, porque según ella es lo que dice la ley”.
“No sé qué quiere conmigo esta gente de la Seguridad del Estado”, se
preocupa el opositor. Sin bandera y encerrado como supuesto enfermo
mental, su caso crece mientras tanto como un grave ejemplo de la
inalterable mano de hierro del régimen con las libertades políticas.

Source: Daniel Llorente: Cuba encierra en un psiquiátrico a un opositor
| Internacional | EL PAÍS –
internacional.elpais.com/internacional/2017/06/27/america/1498584393_177056.html

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